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martes, 17 de abril de 2012

Hijos Triunfadores

Luís Baba Nakao (Marzo de 2007)

Hace unos siglos un famoso pensador griego dijo:  "Lo único permanente es que vivimos en un mundo de cambios"

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer.
Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia...., eso será lo que buscarán los seleccionadores de personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.

Un hijo forjará carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad para resolver sus problemas; actuarán por determinaciones. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.
¿Exceso de autoridad? Siempre será mejor exceso que falta de autoridad. El límite de autoridad lo pone la siguiente regla: "La autoridad no debe humillar".  Básicamente lo que es el niño o el joven hoy será adulto del mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos
estarle evitando todo el tiempo todo posible sufrimiento  ¿si no cuándo aprenderá? Debe comprender la muerte, los problemas de la vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos
resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento.
¿Alguien imagina a un campeón de atletismo que no sufra para lograr sus marcas? Eso se aplica a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad. Siempre hay que  pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para no  sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras  al futuro.
 Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS.  Que sepan que siempre se puede
un poquito más. Recuerda que nadie recoge su cosecha  sin sembrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

 Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a "sentir la falta de" y arreglárselas por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no tienen zapatillas de "marca". Si no aprendes a carecer no aprendes a arreglártelas.
Aunque tengamos para darles el 100%, los chicos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de chicos, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros también con ellos.  ¿Cómo les enseñamos a carecer? ¡Dándoles un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay otra manera! Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a gozar de la vida porque muchas veces se goza en las cosas sencillas. Aprenden a no ser quejosos.

Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien  estomacal, sino que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean ingratos, que no sean quejosos.
"Mami... no me gustan las lentejas". Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas.   Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA! ... ¡Las lentejas del refrigerador calentadas!  Parece increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar.  La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.

También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, limpiar los cuartos, lavar los platos, pintar la casa, etc.  Hay que educarlos para que realicen labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Si no hacen este tipo de servicios luego tendrán problemas.
Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.

 ¿Mesadas?  Que sean una cantidad fija, más bien, semanales y algo menos de lo que creen que  necesitan. Así aprenden a administrar el dinero.  Claro que se deben aceptar excepciones, pero conversadas serenamente.

Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.  Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con  ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener "dinero o propiedades", triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.
Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, en uno donde reine la libertad, la abundancia, la justicia y sobre todo la felicidad.

"El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las 
 William George Ward.
 

sábado, 7 de abril de 2012

¿Cómo ser un padre “10”?


Los tiempos han cambiado, pero esta vez para bien. En la familia moderna el rol de padre es mucho más activo que en épocas pasadas. Ahora padre y madre están igualmente involucrados en la educación de los hijos; hecho que favorece la estabilidad física y emocional de los menores.
Sin embargo, está claro que la perfección no existe, y mucho menos en eso de ser padres. Por eso, y aunque la experiencia es el mejor de los aprendizajes posibles, nunca está de más conocer ciertas claves que pueden ayudar a convertirse en un padre diez.
ABC ha hablado con el doctor Gerardo Castillo, pedagogo de la Universidad de Navarra, para conocer esas reglas de oro que conviene seguir al pie de la letra:
 
1. Comenzar desde pequeños: Según el doctor Castillo, el padre debe contribuir, desde la fase de lactancia, a crear buenos hábitos en el niño. Favorecer un ambiente familiar y seguro, evitar festejarles las malas acciones y hablarle correctamente para que progrese en el lenguaje, son tres factores que facilitarán la evolución del bebé desde los primeros meses.
 
2. Ofrecer seguridad: Está claro que padre y madre deben complementarse en lo que a la educación del pequeño se refiere y, aunque el bebé necesitará durante los primeros meses de la cercanía y ternura propios del lazo que le une a su madre, el padre deberá centrarse en aportarle seguridad y ayudarle a realizar ciertas tareas como jugar, leer, escribir y dibujar.
 
3. Conocer el arte de premiar: Según Gerardo Castillo, “premiar es algo que hay que aprender. No hay que premiar todo lo que el niño hace bien ni limitarse a dar premios económicos o materiales”. Según sus recomendaciones, la clave radica en premiar más el esfuerzo que los resultados del mismo. “Un simple aprobado en una asignatura puede ser motivo de premio para un hijo, pero puede no serlo para un hermano más capacitado”.
 
4. Los castigos, siempre educativos: Los castigos no son más que una vía para enseñar ciertas conductas a nuestro hijo, por lo que siempre deben verse como una herramienta educativa. Según el doctor,”el castigo ha de ser proporcional a la falta cometida y limitado en el tiempo”. Además, debe servir “para reparar la falta” y nunca debe tratarse de sanciones físicas y humillantes para el pequeño.
 
5. No ser el único que castiga: Lo ideal, según el doctor, es que tanto el padre como la madre se turnen a la hora de establecer el castigo para que ninguna de las dos figuras sea más autoritaria que otra.
 
6. Su ejemplo a seguir: Crucial para los hijos es que vean en sus padres alguien a quien seguir e imitar, y eso solo se consigue convirtiéndose en un modelo de conducta para ellos.
 
7. Motivarles: Según el doctor Castillo, el padre debe también fomentar la automotivación del menor, ayudarle a descubrir motivos personales para estudiar, cumplir un horario, ayudar en casa, ser buen amigo...
 
8. La autoridad es imprescindible: El pedagogo argumenta que se trata de un mecanismo importante para la educación, aunque en ningún caso debe confundirse con el autoritarismo. Ahora bien, no por ser el padre como figura masculina del hogar, debe convertirse en el “malo” de la película pues esta labor, como todas, debe repartirse entre ambos progenitores. “Cuando solo exige el padre, la madre es vista como ‘la buena’, un planteamiento que acaba por desconcertar a los hijos”.
 
9. No ser excesivamente protectores: La sobreprotección puede tener consecuencias muy negativas para los hijos. “Acostumbrados a recibir ayudas innecesarias y a no tener que exigirse para conseguir lo que desean carecen de hábito de esfuerzo, lo que les incapacita para afrontar por sí mismos cualquier problema. La excesiva dependencia de los padres no les prepara para la vida”.
 
10. Educar a cada hijo de forma distinta: Cada uno de los hijos tiene su forma de ser y sus características que le diferenciarán del resto. Precisamente por el hecho de que cada uno de nosotros somos distintos, educar de la misma manera a los hijos es un error frecuente en el que no se debe caer. “Debemos adecuarnos a la edad, capacidades, personalidad...de cada uno de ellos”.
 
11. No establecer expectativas poco realistas: No se debe engañar a los hijos. Puede que los padres piensen que sus hijos son los más inteligentes, los más guapos y los más divertidos, pero jamás se les debe decir cosas tales como “que será el primero de la clase, se convertirá en ingeniero, continuará el negocio familiar...”.
 
12. No hacerle responsable antes de tiempo: A veces se quiere educar tan bien a nuestros hijos que les carga de responsabilidades antes incluso de que puedan asumirlas. Cada edad tiene sus pequeñas responsabilidades, por lo que los padres deben actuar en consonancia.
 
13. No elegir a sus amigos: Precisamente si el padre peca de autoritario en este sentido, puede conseguir el efecto contrario y es probable que el hijo salga con las peores amistades.
 
14. Y una de las más importantes... pasar tiempo con ellos: Es muy importante, por muy asfixiados que los padres estén con sus obligaciones profesionales, encontrar tiempo para estar con los hijos. “Pasar un rato agradable y divertido con ellos, tener una actitud positiva y no pagar nuestros problemas con los niños serán condiciones indispensables para su felicidad.”
 
Fuente: abc.es

viernes, 23 de marzo de 2012

Pautas para educar la fe de los niños


Entre lo 0 y los 3 años
Desde que nace el niño, debe sentir a Dios en la vida de sus padres. Los autores citan a un niño de 2 años que al levantarse decía esta oración aprendida de su madre: “Buenos días Jesús, buenos días María, os doy el corazón y el alma mía” .
En esta etapa, la vivencia religiosa se debe transmitir dentro de la máxima claridad y con actos concretosen un clima de intensa afectividad. Conviene por lo tanto, que el niño vea desde su cuna o cama una imagende Jesús y de la Virgen y que se le enseñe a besar alguna imagen o medalla con la misma naturalidad que besa a sus padres.
Es bueno aprovechar la Navidad y otras ocasiones cristianas durante el año para narrarle historias sencillas sobre la vida de Jesús y la Virgen.

Entre los 3 y los 6 años
Más importante que enseñar oraciones vocales, es desarrollar en los niños la capacidad de diálogo sencillo y espontáneo con su Padre Dios, con Jesús y con María. Es muy importante fomentar que recen cada día al levantarse y al acostarse. Sin embargo hay algunas oraciones que se pueden enseñar no de forma mecánica, como el “ángel de la guarda” o el “Jesús, José y María”.
Es también el momento de enseñar al niño a expresar esos sentimientos religiosos como arrodillarse para rezar ante una imagen, persignarse o besar un crucifijo.
Esta es la etapa en que el niño comienza a comprender el valor de la Santa Misa y por lo tanto es bueno llevarlo, cuando sea posible, a misas dominicales especiales para chicos. Esto les ayudará a tomar la Eucaristía no como un compromiso obligado, sino como un diálogo con Dios a través de esta ceremonia.

Entre los 6 y los 10 años
Esta es la edad en la que los padres deben convertirse en los primeros catequistas de sus hisjos. Es la edad del razonamiento y por lo tanto conviene tener en cuenta lo siguiente:
  • Elegir un buen colegio
  • Continuar con el ejemplo
  • Consolidar su formación religiosa
  • Prepararlos para la primera Confesión (en sintonía con la parroquia o colegio)
  • Prepararlos para la Primera Comunión (idem)
  • Ayudarles a formar su conciencia.
  • Continuar con las virtudes humanas y sociales.
(Espere un próximo artículo en LaFamilia.info sobre la preparación para la primera
Confesión y para la Primera Comunión)
Esta es la llamada “Edad de Oro” y es el momento en el que los padres pueden ganar en buena parte la batalla de la adolescencia.

Entre los 10 y los 12 años
En esta etapa los consejos son una continuación de la etapa anterior, pero con una clara orientación a preparar para la edad de la crisis: la adolescencia. Por esto conviene cuidar, entre otras cosas, las siguientes:
  • Seguir orientando la vida de piedad.
  • Dar criterios claros y asegurarse que se han entendido bien.
  • Ayudarle a intensificar la vivencia de las virtudes, especialmente la caridad (virtud principal), la sinceridad, la laboriosidad y la reciedumbre.
  • Darle una información sexual adecuada a su edad y a las circunstancias del ambiente en que se mueve.
  • Ayudarle a usar su libertad responsablemente.
  • Resaltar la necesidad y el valor de ayudar a los demás.
  • Enseñarles a descubrir el valor de una buena amistad.
  • Mantener con los hijos un clima de amistad, confianza y alegría.
Fuente: “Urgencias de la Catequesis Familiar” de Pedro de la Herrán y Fernando Corominas
 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Cinco regalos que puedes ofrecer para nutrir la fe de tus hijos


Los padres son responsables del bienestar material de los hijos. Aun así, sabemos que nuestros hijos también son seres espirituales. He aquí cinco obsequios con los que puedes nutrir la fe de tus hijos.

1. Explica a tu hijo la razón por la cual le dieron el nombre que lleva. Los nombres bíblicos tienen un fuerte significado. Jesús cambia el nombre de Simón por Pedro (que proviene del griego y significa “piedra”), nombre que indica la vocación de Pedro como líder de la comunidad cristiana. Al decirle a tu hijo cómo fue que escogieron su nombre, resalta las esperanzas espirituales que tienen respecto a él o ella, y enfaticen la conexión que esperan que tenga con la comunidad.

2. Comparte historias sobre tus ancestros. Por ejemplo, explica cómo  llegaron tus ancestros a este país. Tales historias de fuerza de voluntad, perseverancia, fe en Dios y en sí mismos, les ayudarán a saberse parte de una historia más amplia y no tan restringida.

3. Comparte quién es tu santo o santa favorita y por qué. Describe cómo fue que te inspiraste por el ejemplo y la enseñanza de este santo o santa (puede ser otra persona cuyo ejemplo sea notable, aunque no haya sido formalmente canonizada). Explica a tu hijo tu devoción por esta persona santa y dialoga con él o ella acerca de la gente que admiras.

4. Comparte una historia en la cual tu fe te haya ayudado en una experiencia difícil de tu vida. Acuérdate de cuando hiciste una decisión muy importante, y si te sientes cómodo, comparte la manera en que tu fe influyó en tu decisión. Igualmente, comparte con tus hijos la manera en que tu fe te ayuda a vivir cristianamente.
 
5. Da a tu hijo tiempo y atención; escucha sus sueños y esperanzas. El cuidado y la preocupación que manifiestes por tu hijo provee los cimientos sobre los cuales tu hijo puede aceptar el amor de Dios y de los demás. Diariamente le ayudas a tu hijo a formar la actitud que él o ella comparte en la oración familiar y la liturgia parroquial. La atención amorosa que ofreces a tu hijo lo prepara a encontrar a Jesús en su corazón, en la Eucaristía, y en las demás personas.

Fuente: http://www.lafamilia.info