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miércoles, 7 de marzo de 2012

8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer


Historia de los Movimientos Reivindicativos

El Día Internacional de la Mujer, originalmente llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se celebra el 8 de marzo y está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas, ONU. Conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona. Es fiesta nacional en algunos países.
Iniciativa masculina dominicana del año pasado para la conmemoración del 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer
El más antiguo antecedente histórico de lucha feminista se hace remontar a la obra clásica Lisístrata, de Aristófanes, ambientada en la antigua Grecia, donde la protagonista realiza una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra. Durante la Revolución francesa, marchando hacia Versalles, las mujeres parisinas pidieron, bajo el lema libertad, igualdad y fraternidad, el sufragio electoral femenino.
A mediados del siglo XIX, los movimientos reivindicativos de la mujer salen a la luz, luchando por el sufragio femenino, reivindicando la igualdad y denunciando de la opresión social, familiar y laboral. Surgieron entonces los denominados movimientos sufragistas, inicialmente de origen burgués; aparecieron después los primeros grupos feministas en el movimiento obrero.
 
En agosto de 1910, la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres. La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés. El objetivo era promover la igualdad de derechos, incluyendo el sufragio para las mujeres.

Año 1911: Primera Celebración del Día Internacional de la Mujer 


Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebró por primera vez (el 19 de marzo 1911) en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. En 1914, en Alemania, Suecia y Rusia se conmemora, por primera vez de manera oficial, el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo.

Después de la revolución de octubre (1917), en la ex Unión Sovietica se logró que el 8 de marzo se considerase fiesta oficial en la Unión Soviética, aunque laborable (en 1965, la Unión Soviética declaró no laborable el Día Internacional de la Mujer Trabajadora). Desde su aprobación oficial por la Unión Soviética, la fiesta comenzó a celebrarse en otros muchos países. En China se celebra desde 1922, en España se celebró por primera vez en 1936.

En 1975, la ONU comenzó a celebrar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. En diciembre de 1977, la Asamblea General de la ONU proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. En el año 2011 se celebró el Centenario del Día Internacional de la Mujer. En ese año, comenzó a operar la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, también conocida como ONU Mujeres.
El Día Internacional de la Mujer ha adquirido a lo largo del siglo XX una dimensión mundial. El movimiento internacional en defensa de los derechos de la mujer es creciente y es reforzado por la Organización de Naciones Unidas que ha celebrado cuatro conferencias mundiales sobre la mujer y ha contribuido a que la conmemoración del 8 de marzo sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica.

 Fuente:laromanabayahibenews.com



lunes, 5 de marzo de 2012

Convertirse en compañeros para siempre

"Para descubrir el verdadero amor debemos ir a la fuente del Amor que es Dios mismo" -
Juan Pablo Segundo

p/Alicia Pérez
 

    José y Beatriz  llegaron al altar  prometiéndose fidelidad hasta que la muerte los separe. Como una gran mayoría de parejas, José y Beatriz tenían toda la intención de cumplir su promesa. Sin embargo, poco apoco fueron descubriendo que esto no iba a ser tan fácil. El Matrimonio requiere de un compromiso que ha de ser renovado constantemente y nutrido por el amor.

    Las parejas que deciden unir sus vidas en el matrimonio seguramente se aman. ¿Pero qué es realmente el amor? Juan Pablo segundo en su “Teología del Cuerpo” dice que para descubrir el verdadero amor debemos ir a la fuente del Amor que es Dios mismo. Conocemos que el amor de Dios es libremente dado y recibido. Que el amor de Dios es fructífero; es decir siempre dador de vida. El amor de Dios es siempre fiel y total.

    Si tomamos en cuenta estos cuatro aspectos del amor de Dios y los aplicamos al matrimonio, podemos reflexionar en algunas de las características necesarias para tener un matrimonio en el que la pareja se convierta en compañeros para toda la vida.

El amor se da y se recibe libremente
    Aunque posiblemente cada pareja llega al amor por vías distintas, una vez que se  enamora, cada uno hace una decisión libre de amar y entregarse a su pareja. De esta forma se hacen vulnerables ante la persona amada. Esto quiere decir que esta persona le va a conocer como ninguna otra. Nadie mejor que la pareja va a saber lo que le hace feliz, o lo que puede causarle sufrimientos. Y una vez nos damos a conocer lo que se espera es que seamos aceptados tal cual somos. Es decir, la entrega de amor es un regalo que debe ser recibido y custodiado con  respeto.

    El amor siempre requiere de una respuesta también libre y adecuada. A medida que se va descubriendo cómo es la otra persona se debe así mismo ir aceptando y recibiendo lo que el otro es. Las parejas que se toman el tiempo para conocerse y respetan amorosamente sus diferencias, pueden llegar a compenetrarse de tal manera que ya no son dos, sino uno.

    Respetar a una persona es aceptarla como es, y recibir lo que me ofrece sin intentar cambiarla; y sobre todo, sin tratar de manipularla a que haga las cosas como quiero que las haga. Se debe, eso si, contar con el hecho que el otro hará todo lo posible por satisfacerme, pero no puedo exigirle que haga lo que no puede o va contra su manera de ser.

    El amor siempre desea el bien del otro, por eso lo ideal es que las parejas que se aman y se respetan se pregunten: ¿Qué puedo hacer para el bien de mi pareja? ¿Cómo puedo corresponder al amor que recibo? De esa manera el amor partirá de la decisión libre y generosa de cada cual, sin imposiciones.


El amor es fructífero
    Cuando hablamos de que el amor  matrimonial debe ser fructífero no sólo nos referimos a que debe estar abierto a la posibilidad de dar la vida. El amor es fecundo o sea es dador de vida en todos los aspectos de la palabra.

    Dar la vida es preocuparse por aquello que la pareja necesita; es apoyarla para que realice sus sueños, y darle espacios para que se exprese y sea ella misma. Cuando una persona es en cambio “absorbente” no deja a la otra crecer y desarrollarse. Dar vida al otro es tratar a la pareja con cariño; es evitar aquellas cosas que sabemos que van a molestar, que pueden humillar o reducir la auto-estima del otro, o que son de mal gusto.  Damos la vida cuando controlamos la lengua al expresar nuestras frustraciones o nuestra rabia o enojo..

    Quienes están abiertos a la vida, aprenden también a perdonar y a buscar la reconciliación. Perdonar y reconciliarse no son lo mismo. Para perdonar sólo se necesita de una persona pues perdonar es la decisión, que una persona toma, de liberarse del resentimiento o rencor que un hecho le causó. No se trata de olvidar, ya que esto es prácticamente imposible, y recordar es necesario para aprender. Se trata más bien de aceptar que el otro se equivocó y no amargarse por eso.

    La reconciliación por su cuenta es tratar de rehacer la relación después de haber perdonado. Pero para esto se requiere que la persona que ofendió desee el perdón, lo pida y ofrezca modificar la conducta que le llevó a ofender. (más sobre el tema en “el poder del perdón)

    En el matrimonio va haber muchas oportunidades para perdonar, pedir perdón y reconciliarse. Cuando hay amor el ejercicio del  perdón y la reconciliación van a ayudar a fortalecer la relación matrimonial. Cuando el perdón no se da la reconciliación es imposible y el matrimonio queda lastimado con huellas que van destruyendo la relación.


El amor es fiel
    La fidelidad siempre ha sido un reto para las parejas. No me refiero solo al hecho de entregarse corporalmente sólo a la persona a quien hemos prometido un amor exclusivo de pareja. Hay quienes destruyen su relación de pareja al caer esclavos de la pornografía. Otras personas le dedican más tiempo al juego o a la botella, o a las amistades que a su pareja.

     La fidelidad requiere la vida de pareja sea una prioridad para cada uno. No hay que dejar que el trabajo, o las amistades ocupen la mayor parte de su tiempo. En ocasiones las mujeres se refugian en las obligaciones del hogar y en el cuidado de sus hijos y ponen a su esposo en un lugar dentro de su corazón que no es el que le corresponde.

    La fidelidad requiere el poner en perspectiva la vida, los sentimientos y acciones. Es aconsejable que las parejas procuren tener proyectos en común, donde ambos tengan la oportunidad de desarrollar sus habilidades, divertirse, gozar de la compañía del otro o simplemente pasar tiempo junto. No hay que olvidar que el proyecto más grande que quizá tengan en común sea el cuidado y educación de sus hijos. Esta labor sin duda va a requerir de una entrega amorosa de sí mismos.


El amor es total
    Se ama enteramente o no se ama. Pero, antes de mirar cuánto amor recibe, es conveniente que evalúe la calidad del amor que usted da. Comúnmente se dice que nadie puede dar lo que no ha recibido. Sin embargo cuando hablamos de amor, todos podemos aprender a entregarnos más con forme aprendemos a amar como Dios nos ama.

    ¿Cuándo  fue la última vez que le expresó su amor a su pareja? No deje para después lo que puede hacer ahora. Escríbale una carta de amor a su pareja, dígale lo que significa para usted el tenerle en su vida. Haga una cita con su pareja. A pesar de las dificultades, el amor es siempre posible, y así como algunas cosas pueden haber cambiado para mal, también pueden cambiar de nuevo para bien. Mucho está en sus manos!
Aproveche cada oportunidad que tenga para AMAR y vivir su amor hasta que la muerte les separe.

Fuente : http://www.grupomatrimonios.com.ar/

sábado, 3 de marzo de 2012

Amor sin fidelidad no es amor


Ser fiel en el matrimonio es el más bello espejo para mostrar lo que es el Amor

Amor sin fidelidad no es amor
Hay que mostrar y ensalzar sin cansarse del valor de la fidelidad. Ser fiel en el matrimonio es el más bello espejo para mostrar lo que es el amor.
Amor sin fidelidad, no es amor.
Amor lleno de fidelidad es el signo de la esperanza en el triunfo de la virtud que más enaltece al amor.
Te soy fiel porque te amo, no se puede ser fiel sin amar.

En la actualidad, en la vida que vive nuestro mundo, casi podríamos decir que ser infiel es un valor. Muchos son los que lo creen así.
A ese extremo llega el antivalor en la vida de muchos.

Claro que esto de la fidelidad y la infidelidad tiene mucho que ver en ¿dónde busqué y como busqué mi media naranja?
No esperes encontrar a la persona que anhelas en el arrebato de una noche romántica.
Ensalzar estos amores sirve para vender canciones o perfumes pero no para encontrar pareja estable y satisfactoria.

Ser fiel casi parece imposible y algo pasado de moda. En esas circunstancias hablar de la fidelidad se hace difícil y la influencia del medio ambiente es muy negativa.
La fidelidad debe estar en las grandes y pequeñas cosas de nuestra existencia, pero para los casados, para los esposos, esta fidelidad tiene como marco la alianza matrimonial.
Nos hicimos una promesa y las promesas son para ser cumplidas.

Cuando en la celebración de nuestra boda nos pusimos mutuamente el anillo en el dedo, acompañamos este gesto con unas breves palabras: “.....recibe la alianza en señal de mi amor y fidelidad”.

Los anillos del matrimonio son llamados alianzas.
Un concepto bíblico riquísimo que recuerda siempre “la alianza inquebrantable de Dios con su pueblo”. Alianza que implica y exige amor y fidelidad.

Los profetas se sirven constantemente de la experiencia matrimonial para conducirnos a la comprensión del amor de Dios.
Dios se presenta como un esposo que, con ternura y fidelidad sin medida, sabrá ganar a Israel.
Son conmovedoras y muy ricas las expresiones con que se describe el misterio de la alianza: fidelidad, bondad, misericordia, amor constante, amor exclusivo y total.
Todas estas riquezas deben estar en los esposos que se aman.

Sabemos que hoy está despreciada y casi combatida, la virtud y el valor de la fidelidad. Nos quieren convencer que esto es cosa antigua y que la promesa hecha al otro, es relativa.
Cuando se termina el amor, puedo tirar por la ventana todo lo prometido.
Las promesas son para ser cumplidas.
Sin preguntarse ¿por qué nos dejamos de amar?

Y en el hurgar buscando el por qué se dejaron de amar, siempre tropezamos
con dos actitudes: falta de diálogo y falta de respeto.
En ese camino al desamor está lleno de irrespetuosidad y de silencio.
Pues nadie se acuesta amando y se levanta desamando.

Si no se hablan de sus cosas, tampoco saben escucharse.
Saber escuchar forma parte del ser cristiano, dado que el Reino de Dios es todo aquello que uno hace por el otro Y tu primer otro, es el que duerme contigo.

No será que dejamos de amarnos porque no cumplimos lo prometido
Pese a ello, también hoy se intercambian los anillos. Y dadas las circunstancias que hemos señalado, usarlos y que los sigan usando, es un verdadero signo de esperanza en el triunfo de la fidelidad. Es un testimonio frente a tantas actitudes cargadas de frivolidad.

Fiel es el que guarda y cumple la palabra dada a otra persona. Ahora bien.
¿Qué es ser fiel en el matrimonio? ¿Qué es guardar y cumplir la palabra dada? Muchos piensan que ser infiel es correr tras de una rubia o morocha, y mal no está pensar así. Pero debemos profundizar mucho más hasta donde llega el ser infiel en el matrimonio. Hay muchas formas de ser infiel.

Ser fiel es vivir la realidad permanente de que cada uno es del otro, cada uno es dueño del otro. Ello es debido en virtud de la donación que un día realizamos al pie del altar.
Sin fidelidad, ya que somos posesión del otro, cuando se comparte el cuerpo con un tercero, el matrimonio pasa a ser simplemente una figura externa, siendo no sólo un romper lo prometido, sino también un acto de injusticia, ya que no se puede disponer libremente del propio cuerpo, ya que mi cuerpo es posesión del cónyuge.
Por lo tanto el compartirlo con un tercero se lo está robando. La infidelidad lo convierte a uno en un vulgar ladrón.

Como hemos anunciado la infidelidad va mucho más allá que desear a la vecina. La fidelidad va mucho más allá de lo que generalmente se piensa.
¿De qué vale no engañar al cónyuge, si en la vida diaria no se le hace feliz a causa de mi constante mal humor?
Cuando mi diario vivir no está lleno de interés por el otro, estoy siendo infiel.

El día del casamiento nos comprometimos a hacer feliz al otro, por lo tanto, cada gesto, cada palabra, cada actitud que no contribuye a que el otro sea feliz, se transforma en migajas de infidelidad, que nos irán llevando a la gran infidelidad.

Hay muchos otros elementos que son signos de infidelidad, veamos algunos:
1) El diálogo: si no se comparte plenamente el ser interno de cada uno y hay algo que se esconde, ¿es esto fidelidad?

2) La alegría: otro de los signos del empeñarse en ser fiel al compromiso es el buscar alegrar siempre al cónyuge y a la familia.
La infidelidad va de la mano de la amargura. La fidelidad se expresa en la alegría de vivir.

3) Vivir mostrando interés por el otro: ser fiel es también preocuparse y ocuparse del cónyuge, de sus gustos, de sus problemas, de sus dificultades, de sus anhelos.

4) Compartir la cruz de cada día: recordemos que, como esposos, prometimos sernos fieles en la adversidad y en la enfermedad, por lo tanto la fidelidad reclama que cada uno ayude al otro a soportar sus sufrimientos, sus dolores, sus caídas, sus depresiones, sus malos momentos.

No hay felicidad en la ancianidad sino se ha sido fiel a la promesa.
Y todos queremos ser felices y vivir años.
En fin, ser fiel es ayudar a llevar la cruz, como Juan de Cirene, el Cireneo ayudó a Jesús.

Autor: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net