P. Vicente Gallo, S.J.
Otra de las causas por las que apenas se dedican tiempo para vivir en una verdadera relación de pareja, puede ser que caigan en la tentación de estar haciendo cada uno su propia vida, con sus diversiones y amigos personales, igual que cuando eran solteros, como ven que otros lo hacen por ahí. Son también, acaso, las obligaciones sociales que cada uno se está imponiendo al margen del otro, sin la intención siquiera de acompañarse por él.
Los sentimientos negativos y enfrentados que surgirán en el uno y el otro, son obvios, y es obvia también la tensión desagradable que se crea en la relación de pareja. Podrá ocurrir que en un comienzo se disimule la tensión por no aparecer como excesivamente sensibles, pero poco a poco sucederá que esos sentimientos, acumulándose, irán creciendo: sintiendo la impotencia, la ira, el rechazo del otro, la soledad misma sentida, al verse dejado de lado así.
Una vez más, tenemos que decir que, para salir al paso del problema, no vale la confrontación que, si es pelea, será de efectos muy nefastos; aunque fuere para el simple poner las cosas en claro, será de efectos negativos. El ponerse a conversar sobre el asunto con valentía para ver cómo entenderse, y pedir o dar explicaciones, serviría también para poco.
Lo único eficaz será, siempre, el dialogar sobre los sentimientos que por esa situación se están teniendo, a fin de comprenderse y amarse más de veras, asumiendo el culpable lo que el otro está sintiendo inevitablemente y que de nada sirve discutirlo. Tratarán de ver cómo hacer para que, a pesar de todo, ambos se den más tiempo para vivirlo juntos. Y el tiempo que de hecho tengan disponible, prometerán vivirlo juntos con mayor intensidad.
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